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La casa de al lado

En la casa de al lado,

tienen un perro,

que no deja dormir con su alarido.

Toda la noche se la pasa gruñe y ladre;

no sé, si está enojado o tiene hambre.

A media noche me dan ganas de salir y gritarle:

¡Cállate!

A veces estoy de buenas y me pongo a pensar:

Ojala un día el perro hable…

A veces estoy de malas y hago un plan perverso;

de cómo asesinarle:

Estoy pensando en comprarme un gato,

envenenarlo, y aventarle el cadáver…

Y que lo mastique el perro o el dueño;

al fin, los dos tienen la culpa de mi insomnio…

 

Autor: Armando Amador Rodriguez

 

Continuando con el tema de los vecinos.

 

 

 

Vecinos

Casi todos los vecinos,

te conocen mejor que tu propia madre;

saben lo que haces y lo que no haces.

Pero siempre hay una vecina que ignora,

que uno espera, que ella lo ame…

 

Y eso lo saben todos en el barrio,

pero ella no lo sabe…

 

Casualmente uno no debe enamorarse,

de la vecina… Ni premeditadamente tampoco…

Porque uno la conoce;

y seguramente nuestras pretensiones,

se verán no correspondidas…

 

Pero esto que digo, cualquiera lo supone…

Uno no sabe realmente a quien tiene viviendo a un lado,

ni la contraparte sabe a quién tiene muriendo a sus pies…

 

Ya ves,

Mis vecinos ignoran mi faceta de poeta…

Pero eso nada tiene que ver;

el punto es, la belleza de la mujer que me ignora…

 

Autor: Armando Amador Rodriguez

Advertencia

Siempre que conozco a una mujer,

aun sin pretensiones, le advierto:

 

Si te acercas mucho puede que te amé,

y no te pido que tú lo hagas,

pero si te acercas mucho a mí,

te voy a secuestrar dentro de una manzana/bajo mis sabanas,

y puede que te muerda/bese cada mañana,

hasta que olvides tu cautiverio y entiendas,

que mis costillas son tu celda.

 

Y cuando se va agrego:

 

Provoca al cielo con una caricia

y un rayo se incrustara en tu cuerpo.

¿Quieres desayunar granizo en la mañana?

 

Autor: Armando Amador Rodriguez

Imagen

 

Yo (platicando con un amigo)

Me encanta ella,
que me respire un te quiero al oído
Y que yo le crea…
Que cuando no estoy pensando en nada,
y mi corazón está en calma, en reposo;
se pose vagabunda en mi cabeza,
se transforme en un torbellino entre mis venas
y a mi latir; en el de una estampida en la tierra.

Me encanta ella,
su embestida de marea;
quiero que venga…
En persona o en presencia, pero que venga;
que sus imágenes sean hologramas, pinturas eternas,
y su carne sea; el pecado más cometido en mi mesa,
que traiga calma o tormenta en la boca, lo que quiera
quiero ver de cerca; esa mirada y su espectáculo de pirotecnia.

Me encanta ella,
su canto embriagador en mi lengua;
hipnosis de una sirena…
Para que le siga, deja sus huellas plasmadas en la arena,
y yo le sigo; sediento de ese néctar soy la colmena.
Mira, mira como baila entre las sombras la luciérnaga, esa grácil figura,
sepultura incierta, cada vez que me entierro me llena de más vida.
Y yo vivo por ella, por su encanto, cada vez que la olvido…
ella llega como un rayo, en un impacto…
me aferra nuevamente en sus cadenas
y ¿quién sabe? tal vez me libere en un espasmo…

¿y quién es ella? — pregunto mi amigo —

Ella, es la mujer de mis sueños; un maniquí decapitado,
Es ella de la que tanto hablo…

Autor: Armando Amador Rodriguez

No me olvides

Si alguna mañana, después,
de un largo sueño o un coma profundo;
el sol vuelve a irradiar en tus ojos,
escudriñas en tus tesoros,
sientes que te falta algo;
recorres tu casa y el interior de tu cuerpo.
Es seguro, algo está faltando.
Miras a tu lado izquierdo,
toda apariencia es cierta, y es cierto,
¡esto no es normal!
Tu corazón no está palpitando; pesa.
Suspiras, y no tienes descanso;
la angustia es una daga desafilada;
clavada en tu pecho, en tu espalda…

Si esa mañana, haces el desayuno,
pones en la mesa dos platos.
¡Para una persona eso es demasiado!
Miras buscando compañía,
parecía que otros días no estabas a solas.
Te sientes una presa,
que te observan a lo lejos, perdida.
¡Algo olvidaste!
Revisas en tus bolsas;
rastros en el suelo, telarañas en la pared,
tizones de aquel fuego o aromas en tu ropa.
Parece que encontraste algo ¡es alguien!
estaba arraigado en tu corazón,
por eso pesaba tanto.
Es un recuerdo punzocortante,
ayer eras feliz y hoy no lo sabes.
Quizás tienes lagunas mentales
o quizás son mares;
pero ¡por favor! No me olvides…

Autor: Armando Amador Rodriguez

Efigie

La costumbre del dolor
y tomarle el gusto.
Mi dependencia por tus labios;
es un maldito dicho muy cierto
-Pégame, pero no me dejes.

Los latigazos,
no son para que avances;
sino para que te quedes plantado

El desdén oculto de tus ojos,
es el mismo alboroto
con el que me trago tus sueños;

el gavilán mira de la misma manera
cuando está en celo…

No sé…
Si soy yo el depredador
o él que está huyendo.

Tendrás que seguirme algún día,
si quieres que guarde el secreto;
de cómo la carne
puede hacer sangrar a una mujer de piedra.

¡Pégame,
puede que te desmorones!

Autor: Armando Amador Rodriguez

Salario

El salario del poeta,
se mide en letras;
letras por hora,
letras extra;
hasta que el cuerpo aguante…
No descansa los domingos,
ni goza vacaciones,
menos tiene los días festivos.
Gana mucho a veces,
y duerme poco.
Gana poco otras
y duerme igual.

Así es el trabajo y la vida del poeta
muere con gusto;
porque sabe que ha escrito una fortuna.

Autor: Armando Amador Rodriguez