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Última

Soledad acompañada

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Soledad acompañada

                                  

                                               Para mi carnalito Alberto, allá

 

Voy a acariciar una guitarra,

a exprimirle el alma nota a nota;

para cantarle:

a esta soledad que me acompaña,

a esta soledad que no es nada.

Seguro que los perros callejeros,

me harán segunda,

y su ladrido con mi canto

se fundirán en coros…

Tal vez hasta me aplauda la luna,

y al final

puede hasta me recuerde mi gente…

 

En la primera estrofa diré:

si no fuera por mi sombra

estaría solo,

si no fuera por el espejo

no seriamos tantos;

seriamos la mitad

de los que somos…

 

Afinare las cuerdas y la garganta

ambas suenan igual a una carcacha;

las tengo destrozadas, y en pedacitos;

de tanto maltrato

de tanto mal trago…

Esta noche necesito un canto fino,

una voz de soprano,

algo para arrullarla,

una copa de bilis-vino

y unas manos largas;

para mecerla

que se duerma borracha a mi lado

que esta soledad brinde

por y de mis tragos amargos,

por el día a día,

por la rutina

en la que nos hemos enfrascado…

Yo brindare por su compañía…

hasta que ella se vaya

cansada de escuchar siempre

la misma melodía

el mismo brindis, una y otra vez

siempre, hasta que llega el amanecer…

 

Que sea mi sombra y no esta soledad,

Quien ahuyente los demonios que me acechan

Cuando estoy perdido, cuando no tengo a nadie…

 

Autor: Armando Amador Rodriguez

Revolución

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Señores, no se trata de jugar a los héroes

o de parecer locos predicando valores

en medio de una plaza sorda.

Aunque a eso yo no lo llamaría locura;

lo llamaría activismo en cartelera.

Activismo real y locura;

sería ir a predicar paz en medio de una balacera,

enfrentar una calamidad por los cuernos;

cualquiera que sea…

Sería sensato y por supuesto suicidio

Eso señores, hacen los héroes.

Se lanzan al abismo,

no a marchar en las banquetas

-se adueñan de las calles…

Se lanzan al enemigo,

portando arma o sin ella

-nunca retroceden; pelean…

Entiendan que no se trata

de contrariar discursos políticos.

Ni de crear lemas de batalla

con detalles poéticos.

O asistir a protestas mudas

con pancartas llenas de exigencias pacificas

-No esperes a que te lean ¡grita!

y no esperes que te escuchen…

No se trata tampoco de obtener el aplauso;

por ser noticia de primera plana en algún periódico.

Se trata,

de sufrir el dolor del mundo

como si fuera propio…

¡Pobres de los caídos,

pobres de nosotros!

Se trata,

de ir al mismo rumbo;

subir sin pisar la espalda de otro,

sin joder al prójimo.

No se trata de un héroe de ficción;

Que vendrá y nos salvara el día, la vida.

Se trata de héroes de carne y hueso,

de crear una nueva revolución…

 

 

Se trata de unión y disposición para luchar…

 

Autor: Armando Amador Rodriguez

Memorias de una caricia

 

Quédate

Huele a ti, todo:

La sopa en el refrigerador,

mi ropa;

aún compro tu marca de jabón,

las cobijas y la almohada,

la abstinencia y la vigilia.

A mí no me sirven de nada;

más que para aumentar

los antojos de carne y amor…

Sabe a ti, todo:

El café barato, el sudor,

el cigarro, la copa de tequila,

la gota de veneno, la poción,

el chicle que quita el amargor,

también el agua -no es insípida.

sólo yo sé que tiene tu sabor

porque cuando bebo dice:

soy yo.

Y eres tu…

Aún te escucho, en todo:

en la grabación de la contestadora;

no quiero cambiar el buzón,

en las tristes canciones de la difusora,

en el traqueteo de mis tobillos frágiles,

en el subconsciente, sin que hables,

a veces en mi propia boca.

Y es por eso no paro de hablar.

Aún te toco, en todo:

En las teclas del ordenador,

en las fotos del móvil y del buró,

en tu perfume, en mis dedos;

en mi celo,

en tu ropa interior,

la que olvidaste o dejaste a propósito.

Supongo tanto,

pero ¿qué sé yo?

Aún te miro, en todo:

En la portada de los libros

en mis sueños; que en la mañana olvido.

Estás a todas horas y en todas partes,

después de todo, no te has ido…

 

Autor: Armando Amador Rodriguez

 

 

Pilotos

No sabía exactamente cuánto tiempo paso dormido, pero concluyó que fueron días, porque las flores de su habitación ya estaban marchitas. Seguro se las había llevado su madre, ella era la única que hablaba con él, además del tipo que le vendía las bachitas o los lineazos. Por supuesto era su madre, ella era la única persona que le soportaba todo. Pensó que aún tenía una gran capacidad de deducción, que era una mentira que las drogas atrofian el cerebro; se estaba demostrando que era un geniecillo. Cuando reacciono completamente, ahí estaba su madre, plantada frente a la cama, seguro se había pasado varias noches en vela esperando su despertar en la sala de espera, porque tenía el rostro pálido y por supuesto; lloraba…
—Fue sobredosis —dijo el médico.
—Trombosis, turbulencia madre ¡pero estoy vivo! Logre un aterrizaje forzoso.

Pilotos

Pierden el control
La turbulencia los atrapa en sus espirales
Ensucia su magistral vuelo
Si parpadean disparan cientos de imágenes
Ningún aleteo lleva dirección, ningún pataleo
Están a un “toque”
de rozar las nubes.
Afirman que entre la nublazón
Hay quienes pueden distinguir a Dios
Que Él es quien avienta esporas de amapola
La que adorna, los campos de los hombres
Ellos sólo huelen la flor,
Beben su néctar de sangre,
Aspiran su polen de ángel
Y se dejan llevar por el aire…

Autor: Armando Amador Rodriguez

Horizonte III

Mujer-Ave

Hoy voy a escribir un ave

Tendrá grandes alas de dulce y un pico de rosas

La veras posarse en tu mirada, en todas partes

Cada mañana y cada noche.

Sera la que te arrulle y después por la que llores

Será a quien ames y después quien te devore

Hoy dios me dejo escribir con sus manos

Y escribí una figura perfecta moldeada en el aire:

caricia de madre, beso de amante. Y se la di al hombre.

Hace tiempo Dios me dijo que la mujer era un ave.

Autor: Armando Amador Rodriguez

Desequilibrio amorobiental

Hay telarañas en las nubes,
eclipses cardiacos prolongados,
tormentas y dunas en la habitación,
un gato negro siguiendo mis pasos…
El cielo está a punto de romperse,
mis labios de vidrio están ilegibles.
me da la impresión de que me falta el aire
¿Será acaso que mis pulmones no existen?
Lo que si tengo es un pequeño corazón,
una especie de tejido raquítico falto de amor.
Hay santos reunidos espiando en la repisa;
murmurando sobre mi mala meteorología,
petrificados de risa sin ninguna razón;
seguro el San Antonio de cabeza ya se mareo.
Veo pronóstico de lluvia intensa en la mirada,
afuera en las nubes; seguro lloverán arañas.
Oigo tumultos en la azotea, lo confirman las noticias;
una emisora afirma que hay fuga de lágrimas;
seguro ya estoy llorando…
Reviso un calendario del año pasado,
y asegura que hoy no es domingo; es sábado…
¿En qué tiempo estoy viviendo?
¿Es de día o sólo está nublado?
¿Las estrellas ya no brillan, o la tierra ya no gira?
¿Qué demonios está pasando?
Tengo que aceptar que cuando no estás, todo es desequilibrio…
La cadena alimenticia se rompió, y hoy no comimos.
Si mañana tú vuelves,
                                        todo tendrá que volver a su sitio…
Autor: Armando Amador Rodriguez

Defendiendo mis poemas; se les acusa de no ser… Yo sé que existen

Mis poemas son amorfos, les falta un ojo, digo que son míos pero no son; porque nacen solos, y se van como cualquier hijo a buscar su lugar en medio de un libro; de uno que todavía no existe. Me hago llamar poeta, pero si tú no quieres llamarme así, porque no tengo un título en filosofía que me acredite, no me llames así. Eso sí, puedo decirte que a mí, no me hizo poeta una escuela o un hombre me enseño a serlo, yo nací y crecí poeta… Balbuceaba y era poesía para los que me entendían; porque mi madre me amantaba con leche de letras -como la sopa-, porque mi padre me engendro después de leer las estrellas.
Desde entonces hago poemas, y si alguna vez llegas a leer alguno; a ellos si los respetas los llamaras como tal…
Esto podría ser poesía, yo digo que lo es ¿Por qué quien eres tú para decir lo que es y lo que no? Tus formas, tus medidas, alguien se las invento un día; como la moral y la religión. A quienes inventaron reglas ¿quién les dijo que así se hacía poesía? Hacer poesía es como hacer el amor. Que yo sepa no hay escuelas que te enseñen a hacer el amor; es instintivo, empírico… y perdonen mi vulgaridad, pero hasta en el momento del amor hay cambios de posición. ¿Por qué no cambiar la forma de un verso? Yo no lo digo por mí, lo digo por algunos que siguen la métrica, que cuentan las silabas, letra por letra, línea por línea; eso es poesía y no señores poetas; también son matemáticas básicas… Yo no cuento silabas, yo cuento cuentos, vidas.
No digo que sea correcto lo que hago y que me sigan, al contrario aléjense de mis poemas porque son homicidas. Y yo no quiero un rebaño correteando mi sombra. Sólo Yo y Ella, quien quiera que sea Yo, y quien quiera que sea Ella los y nos entendemos… Pero no los crítico-poetas, porque ellos siempre les y nos encontraran un defecto…
Sé que en algún lado siempre tendré una falta de ortografía; al hablar o escribir no hay diferencia conmigo. Repito mucho las conjunciones, la y, o, la o, y, la u, o, la e; la a. A veces las confundo con las vocales. El abecedario es muy extenso, pero puedo presumir que lo sé todo, y que la única letra que desconozco es la X cuando se trata de ecuaciones literarias; el resultado es una parábola extraña que ya esperaba, es un presagio. Y si hago presagios tal vez no soy poeta, soy profeta de lo que nunca ocurrió. Ya te habrás dado cuenta, que no distingo los tiempos, por eso lo que digo que hare, tal vez sea un recuerdo de lo que quise hacer.
Mi metáfora es tan simple que parece un enigma sorprendente, nunca busques un significado alternativo, mi metáfora es literal y a veces no tiene rima o ritmo. Aprendo palabras extrañas al momento de escribir, como aquella que repito mucho: “Mujer” verdad que tengo razón, es una palabra tan extraña que todos quieren lucirse con ella. Hablando de palabras me doy cuenta, que todas las palabras las repito, que mis poemas siempre son los mismos. El de ayer es el de hoy, el de hoy será el de mañana, y el de mañana es el que escribí en mí infancia.
Quien diga que Yo no soy poeta y que no hago poemas, que arroje la primera letra… Pero en su propia hoja, porque está ya se encuentra llena.

Autor: Armando Amador Rodriguez

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