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Última

Quédate

Huele a ti, todo:

La sopa en el refrigerador,

mi ropa;

aún compro tu marca de jabón,

las cobijas y la almohada,

la abstinencia y la vigilia.

A mí no me sirven de nada;

más que para aumentar

los antojos de carne y amor…

Sabe a ti, todo:

El café barato, el sudor,

el cigarro, la copa de tequila,

la gota de veneno, la poción,

el chicle que quita el amargor,

también el agua -no es insípida.

sólo yo sé que tiene tu sabor

porque cuando bebo dice:

soy yo.

Y eres tu…

Aún te escucho, en todo:

en la grabación de la contestadora;

no quiero cambiar el buzón,

en las tristes canciones de la difusora,

en el traqueteo de mis tobillos frágiles,

en el subconsciente, sin que hables,

a veces en mi propia boca.

Y es por eso no paro de hablar.

Aún te toco, en todo:

En las teclas del ordenador,

en las fotos del móvil y del buró,

en tu perfume, en mis dedos;

en mi celo,

en tu ropa interior,

la que olvidaste o dejaste a propósito.

Supongo tanto,

pero ¿qué sé yo?

Aún te miro, en todo:

En la portada de los libros

en mis sueños; que en la mañana olvido.

Estás a todas horas y en todas partes,

después de todo, no te has ido…

 

Autor: Armando Amador Rodriguez

 

 

Pilotos

No sabía exactamente cuánto tiempo paso dormido, pero concluyó que fueron días, porque las flores de su habitación ya estaban marchitas. Seguro se las había llevado su madre, ella era la única que hablaba con él, además del tipo que le vendía las bachitas o los lineazos. Por supuesto era su madre, ella era la única persona que le soportaba todo. Pensó que aún tenía una gran capacidad de deducción, que era una mentira que las drogas atrofian el cerebro; se estaba demostrando que era un geniecillo. Cuando reacciono completamente, ahí estaba su madre, plantada frente a la cama, seguro se había pasado varias noches en vela esperando su despertar en la sala de espera, porque tenía el rostro pálido y por supuesto; lloraba…
—Fue sobredosis —dijo el médico.
—Trombosis, turbulencia madre ¡pero estoy vivo! Logre un aterrizaje forzoso.

Pilotos

Pierden el control
La turbulencia los atrapa en sus espirales
Ensucia su magistral vuelo
Si parpadean disparan cientos de imágenes
Ningún aleteo lleva dirección, ningún pataleo
Están a un “toque”
de rozar las nubes.
Afirman que entre la nublazón
Hay quienes pueden distinguir a Dios
Que Él es quien avienta esporas de amapola
La que adorna, los campos de los hombres
Ellos sólo huelen la flor,
Beben su néctar de sangre,
Aspiran su polen de ángel
Y se dejan llevar por el aire…

Autor: Armando Amador Rodriguez

Mujer-Ave

Hoy voy a escribir un ave

Tendrá grandes alas de dulce y un pico de rosas

La veras posarse en tu mirada, en todas partes

Cada mañana y cada noche.

Sera la que te arrulle y después por la que llores

Será a quien ames y después quien te devore

Hoy dios me dejo escribir con sus manos

Y escribí una figura perfecta moldeada en el aire:

caricia de madre, beso de amante. Y se la di al hombre.

Hace tiempo Dios me dijo que la mujer era un ave.

Autor: Armando Amador Rodriguez

Desequilibrio amorobiental

Hay telarañas en las nubes,
eclipses cardiacos prolongados,
tormentas y dunas en la habitación,
un gato negro siguiendo mis pasos…
El cielo está a punto de romperse,
mis labios de vidrio están ilegibles.
me da la impresión de que me falta el aire
¿Será acaso que mis pulmones no existen?
Lo que si tengo es un pequeño corazón,
una especie de tejido raquítico falto de amor.
Hay santos reunidos espiando en la repisa;
murmurando sobre mi mala meteorología,
petrificados de risa sin ninguna razón;
seguro el San Antonio de cabeza ya se mareo.
Veo pronóstico de lluvia intensa en la mirada,
afuera en las nubes; seguro lloverán arañas.
Oigo tumultos en la azotea, lo confirman las noticias;
una emisora afirma que hay fuga de lágrimas;
seguro ya estoy llorando…
Reviso un calendario del año pasado,
y asegura que hoy no es domingo; es sábado…
¿En qué tiempo estoy viviendo?
¿Es de día o sólo está nublado?
¿Las estrellas ya no brillan, o la tierra ya no gira?
¿Qué demonios está pasando?
Tengo que aceptar que cuando no estás, todo es desequilibrio…
La cadena alimenticia se rompió, y hoy no comimos.
Si mañana tú vuelves,
                                        todo tendrá que volver a su sitio…
Autor: Armando Amador Rodriguez

Defendiendo mis poemas; se les acusa de no ser… Yo sé que existen

Mis poemas son amorfos, les falta un ojo, digo que son míos pero no son; porque nacen solos, y se van como cualquier hijo a buscar su lugar en medio de un libro; de uno que todavía no existe. Me hago llamar poeta, pero si tú no quieres llamarme así, porque no tengo un título en filosofía que me acredite, no me llames así. Eso sí, puedo decirte que a mí, no me hizo poeta una escuela o un hombre me enseño a serlo, yo nací y crecí poeta… Balbuceaba y era poesía para los que me entendían; porque mi madre me amantaba con leche de letras -como la sopa-, porque mi padre me engendro después de leer las estrellas.
Desde entonces hago poemas, y si alguna vez llegas a leer alguno; a ellos si los respetas los llamaras como tal…
Esto podría ser poesía, yo digo que lo es ¿Por qué quien eres tú para decir lo que es y lo que no? Tus formas, tus medidas, alguien se las invento un día; como la moral y la religión. A quienes inventaron reglas ¿quién les dijo que así se hacía poesía? Hacer poesía es como hacer el amor. Que yo sepa no hay escuelas que te enseñen a hacer el amor; es instintivo, empírico… y perdonen mi vulgaridad, pero hasta en el momento del amor hay cambios de posición. ¿Por qué no cambiar la forma de un verso? Yo no lo digo por mí, lo digo por algunos que siguen la métrica, que cuentan las silabas, letra por letra, línea por línea; eso es poesía y no señores poetas; también son matemáticas básicas… Yo no cuento silabas, yo cuento cuentos, vidas.
No digo que sea correcto lo que hago y que me sigan, al contrario aléjense de mis poemas porque son homicidas. Y yo no quiero un rebaño correteando mi sombra. Sólo Yo y Ella, quien quiera que sea Yo, y quien quiera que sea Ella los y nos entendemos… Pero no los crítico-poetas, porque ellos siempre les y nos encontraran un defecto…
Sé que en algún lado siempre tendré una falta de ortografía; al hablar o escribir no hay diferencia conmigo. Repito mucho las conjunciones, la y, o, la o, y, la u, o, la e; la a. A veces las confundo con las vocales. El abecedario es muy extenso, pero puedo presumir que lo sé todo, y que la única letra que desconozco es la X cuando se trata de ecuaciones literarias; el resultado es una parábola extraña que ya esperaba, es un presagio. Y si hago presagios tal vez no soy poeta, soy profeta de lo que nunca ocurrió. Ya te habrás dado cuenta, que no distingo los tiempos, por eso lo que digo que hare, tal vez sea un recuerdo de lo que quise hacer.
Mi metáfora es tan simple que parece un enigma sorprendente, nunca busques un significado alternativo, mi metáfora es literal y a veces no tiene rima o ritmo. Aprendo palabras extrañas al momento de escribir, como aquella que repito mucho: “Mujer” verdad que tengo razón, es una palabra tan extraña que todos quieren lucirse con ella. Hablando de palabras me doy cuenta, que todas las palabras las repito, que mis poemas siempre son los mismos. El de ayer es el de hoy, el de hoy será el de mañana, y el de mañana es el que escribí en mí infancia.
Quien diga que Yo no soy poeta y que no hago poemas, que arroje la primera letra… Pero en su propia hoja, porque está ya se encuentra llena.

Autor: Armando Amador Rodriguez

Yo (platicando con Dios)

 

Yo (platicando con Dios)

Segundo poema de la serie Platicando con el mundo, el primero es Yo (platicando conmigo) aqui el link: http://www.youtube.com/watch?v=fYh3A9GuHB4

Los poetas fuman

Autor: Armando Amador Rodriguez

GRACIAS por pasar…

Yo (platicando conmigo)

Convoco a una reunión conmigo y con todos mis “yo”

una asamblea en la que hablemos del destino;

decidamos todos y al fin decida por mí mismo.

¿Qué vamos a hacer con tanto homicidio?

¿con tanta mujer colgada en la soga del olvido?

– Propongo que dejes de dormir – me digo yo mismo.

– Ya no eres un bebe ¡despierta! te hace falta ejercicio –

Me rasco el ombligo ¿cuál era la pregunta? y me digo:

digo que tiene razón…

¿Qué vamos a hacer con el teléfono? ¡hace mucho ruido!

¿qué vamos a hacer con el fuego? ¡ya no hace tanto frio!

– Quizás apagarlos ¡deja esto ya, ya estas grandecito!

si quieres hablar con ella, ¿por qué no lo haces en vivo? –

Quizás tengan razón…

¿Qué hago con estas cartas, a dónde las dirijo?

¿con poemas pensados a medias y media hora de ocio?

– Quizás ocuparlos, plasmarlos, ¿yo que sé? si soy tu mismo –

Dije desde atrás y no me ayude nada, sigo confundido.

¿Entonces para que escribo? –  Si no tienes hojas de papel,

nada que escribir; mejor ponte a leer un libro –

Me están convenciendo, tienen razón…

¿Qué vamos a hacer con el cielo? esta tan sereno, aburrido

¿con las puertas rotas del infierno y los demonios fugitivos?

– Pronto habrá de llover, se nublara; ese no es punto a tratar –

Soy tan indiferente con el mundo; por eso no tengo amigos.

– Y ¿yo qué?  – pregunto en medio de todos y dando brincos

– Aunque venga de vez en cuando, me acuerdo de ti a diario –

¡Porque tú eres yo!, respondo; pero tengo razón…

Digo… ¿Y para concluir?

– ¿Qué hacemos con la mujer encerrada con nosotros?

¿con la duda de quién es su dueño? ¡está armando un alboroto! –

A ella no la toquen, no la vean, por eso duermen conmigo

– Me gustaba más la que ahorcamos ayer, me sentía más atraído –

Se fue por tu culpa, murmure, siempre te gustan más las de ayer

– Tienes razón, tienes razón… –

¿Quizás ella sea algo bueno? buena gente o algo parecido

– ¿Quizás? Ella es la mujer que te está enloqueciendo;

por eso estas platicando de ti y de ti mismo, y conmigo –

¿Cuál de todos mis “yo” es el real? eso mañana y a solas lo decido

– ¡No, ahora! – suplica un “yo” que no había visto, uno desconocido.

Ponen de pretexto que mañana tendrán que trabajar.

Me acusan de ser un mal líder; que cuando tienen que salir,

siempre me equivoco,  y que a veces no les doy permiso.

Cuando tengo que llorar; me rio.

Cuando tengo que leer; escribo.

Cuando tengo que pensar en ellos y en mí;

estoy durmiendo contigo.

Bueno; por lo menos aun no estoy loco…

¿O quizás tengan razón?

¡Por eso estoy platicando conmigo!

Autor: Armando Amador Rodriguez

Este poema fue creado el 27 de octubre del 2010, a partir de este, surgió una serie de escritos llamada “Yo platicando con el mundo”; la serie se compone 5 poemas y un preámbulo.

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