Soledad acompañada
Para mi carnalito Alberto, allá
Voy a acariciar una guitarra,
a exprimirle el alma nota a nota;
para cantarle:
a esta soledad que me acompaña,
a esta soledad que no es nada.
Seguro que los perros callejeros,
me harán segunda,
y su ladrido con mi canto
se fundirán en coros…
Tal vez hasta me aplauda la luna,
y al final
puede hasta me recuerde mi gente…
En la primera estrofa diré:
si no fuera por mi sombra
estaría solo,
si no fuera por el espejo
no seriamos tantos;
seriamos la mitad
de los que somos…
Afinare las cuerdas y la garganta
ambas suenan igual a una carcacha;
las tengo destrozadas, y en pedacitos;
de tanto maltrato
de tanto mal trago…
Esta noche necesito un canto fino,
una voz de soprano,
algo para arrullarla,
una copa de bilis-vino
y unas manos largas;
para mecerla
que se duerma borracha a mi lado
que esta soledad brinde
por y de mis tragos amargos,
por el día a día,
por la rutina
en la que nos hemos enfrascado…
Yo brindare por su compañía…
hasta que ella se vaya
cansada de escuchar siempre
la misma melodía
el mismo brindis, una y otra vez
siempre, hasta que llega el amanecer…
Que sea mi sombra y no esta soledad,
Quien ahuyente los demonios que me acechan
Cuando estoy perdido, cuando no tengo a nadie…
Autor: Armando Amador Rodriguez

